
Al aterrizar en Madrid decidí disfrutar del aroma de un café. Al pagar, el camarero me reclamó.
- Este billete está caducado.
- ¡No lo entiendo!.
-¿Pero usted de donde sale?.
Le conté que había pasado los últimos veinte años con una tribu del Amazonas, aislado y sin contacto alguno con el mundo civilizado.
-De acuerdo, le pondré al día.
Me explicó que tras la revolución de los Indignados le siguió la de los Hartos de estar Indignados, a esta le sucedió la de los Cansados de estar Hartos de estar Indignados, más tarde la de los Cabreados de estar Cansados de estar Hartos de estar Indignados y finalmente triunfó la de los de estar hasta las Gónadas de estar Cabreados de estar Cansados de estar Hartos de estar Indignados. Lo de las Gónadas era por que los Cabreados consiguieron que se prohibiera la comparativa de los testículos con los huevos porque su líder criaba gallinas.
Lo primero que hicieron fue crear una moneda Obsolescente para pagar aquellos artículos con una “Obsolescencia Programada”. Así, cuando se compraba un ordenador, el dinero caducaba cuando lo hacía el Software o si se trataba de un coche, las monedas se devaluaban nada más sacarlas del concesionario. Pusieron a gobernar a un Gonadente junto con sus Gonanistros e inventaron una guillotina, ¡la Gonallotina!, para rebanar los testículos de los responsables que consintieron todo aquello.
-¿Y las empresas que hicieron?- Pregunté.
-Primero se indignaron, luego se hartaron, más tarde se cansaron, después se cabrearon y por último, cuando ya estaban hasta los huevos de que los revolucionarios les tocaran los ídem, les derrocaron y volvieron a vender sus productos con fecha de caducidad como si fueran yogures-.
Todo aquello parecía interesante, pero no solucionaba mi problema más inmediato.
- Pues ese billete es el único que tengo. ¿Qué hacemos?
El camarero dejó el trapo sobre el mostrador, apoyó el codo en la barra y mirándome con ojitos de gitana cordobesa, me recitó.
!Si me besas bucanero
te regalo el café entero!
Emilio Blanco
Emilio Blanco

